Observar lo cotidiano con ojos de turista.

Spread the love

Cuando salimos de vacaciones, lo que nos motiva a viajar es no sólo relajarnos y disfrutar del destino, sino también la vivir la aventura de recorrer lugares nunca vistos, y de encontrarnos con gente desconocida. La ansiedad por llegar al destino y comprobar cuánto tiene en común con lo que imaginamos es una emoción frecuente. Y aunque en ciertas circunstancias experimentemos la decepción de ver incumplidas nuestras expectativas, siempre vale la pena descubrir lugares y situaciones nuevas, que justifican el esfuerzo del viaje.

 

Viajar implica también comprender qué objetos y situaciones echamos de menos, y descubrir la vida que nos gustaría vivir. Salir de vacaciones es, en cierto modo, pasar revista a la vida que llevamos cotidianamente, verla de lejos, replantearla, e incluso en muchos casos descubrir que nos hacen felices los momentos simples y cotidianos, la comodidad del hogar, la familia y los amigos, y que por lo tanto anhelar algo más representa una mera ilusión.

 

Otra posibilidad que se nos abre al viajar es abordar el regreso desde una perspectiva diferente, no ya con la nostalgia de saber que las vacaciones han llegado a su fin, sino prestando mayor atención a nuestra vida cotidiana, a fin de renovar la mirada, y observar lo que nos rodea a diario con los ojos curiosos de un viajero.

 

¿Han procurado observar alguna vez a alguien como si no lo hubiesen visto nunca, aunque esa persona sea incluso un miembro de la familia, a quien ven a diario? Los aliento a probar este ejercicio. Si logran abstraerse de la imagen mental que tienen de algo o alguien, y en lugar de reconocerlo lo observan detenidamente, sin hacer juicios, descubrirán aspectos que hasta ahora habían pasado desapercibidos.

 

Esto nos sucede a menudo con las ciudades en que residimos. Vamos tan de prisa por ellas que pasamos por alto detalles curiosos e interesantes. Detenerse a mirar un balcón, un techo o la fachada de un edificio con atención puede depararnos la sorpresa de descubrir aspectos nuevos, en los cuales hasta ahora no habíamos reparado. Sobra decir que este ejercicio puede extenderse también a nuestros comportamientos. Si logramos observarnos con ojos curiosos, del mismo modo en que lo hacemos con los objetos que nos rodean, podremos advertir en nosotros mismos maneras de proceder inexplicables, a veces incluso absurdas, y preguntarnos: ¿me sirve para algo esta conducta, o me resultaría más útil modificarla?

 

Del mismo modo en que, a cierta edad, la presbicia nos fuerza a alejar los textos de la vista, a fin de poder enfocar las palabras y comprender su significado, el turismo nos alienta a mirar la vida cotidiana de lejos, para comprenderla mejor y disfrutarla aún más.