Lluvia de Turistas

Spread the love

El sol evapora el agua. Aparecen las nubes, y el viento distribuye las lluvias. Como las nubes, los aviones cruzan el cielo, cargados de turistas. Éstos se derraman sobre los aeropuertos, como las lluvias se deslizan por las laderas de las montañas, corriendo hacia los ríos y mares…

Las lluvias, como los turistas, pueden alimentar un destino, o pueden destruirlo. Las precipitaciones y el turismo deben manifestarse con equilibrio, dando tiempo a la tierra y a la cultura para que estos fenómenos sean absorbidos paulatinamente.

Un desborde de turistas es tan peligroso como una avalancha de nieve, o la inundación provocada por un río luego de las lluvias torrenciales. En ocasiones, el número de turistas es tan alto que supera la capacidad de alojamiento de un destino. Se trata de un fenómeno similar al de las lluvias torrenciales sobre suelos saturados de agua: las gotas resbalan sobre el terreno, llevándose con ellas parte de la tierra y de la basura, como el exceso de turistas erosiona los senderos durante las caminatas, y contamina el ambiente con sus residuos.

El turismo, como la lluvia, puede ser beneficioso o nefasto. El mismo oxígeno que nos salva la vida en un hospital, puede matarnos a más de 10 metrosde profundidad debajo del agua. El agua puede prolongarnos la existencia, o provocarnos la muerte por asfixia si nos ahogamos en ella. Como todo en la vida, no existe nada bueno o malo en sí mismo, sino que depende de la dosis y del contexto. Con el turismo sucede algo similar. Procuremos que el turismo nos alimente, y que alimente espiritualmente a quienes nos visitan. Evitemos los excesos de toda índole.