Galápagos un destino que cura todo.

La cura del cáncer estaría en Galápagos
Galápagos un destino que cura todo
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Ana amaba su trabajo: Era maestra de grado, y sus alumnos la adoraban. Ella siempre estaba lista para comenzar su día laboral, siempre con energía y una sonrisa para dedicarle a todos con los que se cruzaba.

La señorita Ana, como la conocían sus estudiantes, era una muchacha joven apenas entrada en sus 30 años, que tenía infinita paciencia con ellos y siempre les obsequiaba una golosina cuando se comportaban bien. Era la maestra más amada de la escuela y por buen motivo, pues su belleza no era solo física, con su largo cabello marrón y sus grandes ojos celestes: Su belleza interior era tan grande como la externa.

Un día, la institución educativa para la que trabajaba le solicitó entregar unos certificados médicos de rutina. Ana no estaba preocupada: Ella siempre había sido saludable, y sabía que los resultados serían buenos.

Lamentablemente, el destino tenía una idea diferente.

Ella se sorprendió mucho cuando, días antes de su cumpleaños número 32, su médico de cabecera le solicitó que asistiera a su consultorio para discutir los resultados de sus estudios.

De pronto, ya no estaba tan segura que todo estuviera bien, y sus ansias solo crecieron cuando vió la cara del doctor. Estaba claramente preocupado y preparándose para darle a su paciente malas noticias.

Para su pesar, la visita era para informarle que le habían descubierto un tipo muy avanzado de cáncer, y que debía empezar un tratamiento invasivo muy pronto, si quería tener alguna posibilidad de sobrevivir.

Inmediatamente, Ana acudió a su familia, la cual estaba conformada por muchos médicos de distintas especialidades, y les solicitó su ayuda. Todos se preocuparon por su grave estado de salud, pero pronto comenzaron a planificar su tratamiento, deseando solo lo mejor para su querida Ana.

La única solución posible, le explicaron, era la quimioterapia, un tratamiento muy fuerte que afectaría a su cuerpo de un modo violento y doloroso.

Ana, confiando en su familia, decidió hacerles caso. Los días se convirtieron en semanas, pero en vez de mejorar, su estado físico y anímico solo empeoró con cada sesión. Ella comenzó a odiar aquellos días en los cuales debía ir al hospital, temblando silenciosamente cada vez que miraba el calendario.

Apenas podía pararse de su cama en las mañanas, no sentía apetito y adelgazaba a grandes pasos, dejando atrás ese aspecto sano y fuerte que la caracterizaba. Ana siempre había sido una muchacha muy guapa, pero últimamente se sentía debilitada y pálida, tan delgada que toda su ropa le calzaba suelta.

Estaba tan agotada que no tenía ni siquiera ánimos para ir a trabajar. Ella sabía que sus alumnos la extrañarían enormemente, pero muy a su pesar tuvo que renunciar a su empleo. Las cartas de despedida la hicieron llorar por horas, y se pregunto qué sentirían los niños cuando se enteraran de su inevitable muerte.

Ana lloraba todos los días, hasta que decidió que si estos iban a ser sus últimos meses en la tierra, prefería vivirlos siendo feliz, en vez de miserable con el tratamiento.

Una amiga le había hablado de una alternativa de autosanación, por lo que Ana se dijo a sí misma que, si esta oportunidad no funcionaba, al menos había vivido momentos felices en un paraíso en la tierra.

Su familia de médicos se opuso de forma fehaciente a esta decisión, explicandole a Ana que estaba siendo inocente que perdiendo meses de un tratamiento fundamental para su recuperación, pero ella estaba determinada a seguir el camino que había elegido.

Ella entendía los riesgos, pero ya no podía soportar el doloroso tratamiento.

Así que, usando sus ahorros, compró un Tour a Galápagos estás espectaculares Islas. El viaje fue largo y agotador, pero el momento que vió las blancas playas por primera vez, Ana supo que el gran esfuerzo había valido la pena.

Después de mucho pensarlo, decidió que su destino sería nada más y nada menos que las Islas Galápagos. Había escuchado mucho de su belleza natural y de sus increíbles playas: Sí había un lugar donde podría intentar la autosanación, sería en aquellas hermosas tierras.

Durante un año entero, el año que sus médicos le habían diagnosticado le quedaban de vida, Ana se dedicó a sanarse a sí misma en un increíble viaje lleno de belleza y contemplación. Ella meditaba rodeada de hermosos paisajes, sintiéndose llena de la magia de esas increíbles islas. Sentía una energía única, diferente a cualquier experiencia que hubiese tenido antes de aterrizar en Galápagos.

La cura del cáncer estaría en Galápagos
Flamingo, Galápagos, Isabela
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Ana recorrió las 13 islas que conforman el archipiélago, caminando por kilómetros sin sentirse cansada. Cuando estaba siendo sometida a la quimioterapia, apenas si podía caminar unas pocas cuadras antes de necesitar sentarse, sus piernas temblando patéticamente.

En la Isla Isabela pudo observar los pingüinos a distancia; en la isla Santa Cruz, las tortugas marinas, que la llenaron con una gran paz con su tranquilidad y belleza; en San Cristóbal nado en la bella laguna El Junco, e inclusive logró encontrar la energía para bucear en aquella increíble isla.

Su viaje continuó por Floreana, disfrutando de sus corales, y práctico surf en la isla Balta, sin detenerse hasta conocer todos los territorios abiertos a los turistas de ese maravilloso archipiélago.

Durante las noches dormía apenas se acostaba, agotada pero feliz después de largos días de grandes aventuras. Había mañanas en las que caminaba por horas, y otras en las que meditaba silenciosamente rodeada por mar y arena, escuchando solo el sonido de las olas golpeando contra la playa y los pájaros volando alegremente sobre su cabeza.

Finalmente, sin embargo, el tiempo para volver a casa llegó, y Ana se despidió de todos los amigos que había hecho en sus viajes. Camino por la playa una última vez, dejando que el mar mojaba sus pies, sonriendo ampliamente.

Se sentía feliz, y en paz consigo misma, con una energía única que nunca antes había experimentado.

Mientras se montaba en el avión que la llevaría de vuelta a casa, le hecho una última mirada al lugar que había sido su hogar por el último año, y le agradeció silenciosamente por todas las experiencias que le había regalado.

El viaje de vuelta fue enteramente diferente que el de ida: Ana ya no se sentía agotada y miserable, sino que alegre y llena de vida. Converso durante horas con su vecino de asiento, un guapo científico que pidió su número telefónico para verla de nuevo tras que llegarán a su destino. Ana se preguntó si podría salir en una cita con el, ya que según los médicos ya no le quedaba mucho tiempo de vida, pero anotó su celular de todos modos, sintiéndose esperanzada  luego de su viaje.

Al llegar a su casa, llamó a su familia, que le insistieron repitiera sus exámenes físicos para ver como estaba de salud, y poder continuar el tratamiento que tan fundamental consideraban para poder salvar su vida.

Para la sorpresa de los doctores, los exámenes de Ana dieron incredibles resultados: Ya no había señales del cáncer, y estaba en óptimas condiciones de salud!

“Pero, Ana, esto es imposible!” Le dijo, maravillado, uno de sus tíos, un exitoso médico que no salía de su asombro. “¿Como te has curado de tal modo?”

“Caminé por horas por las islas más increíbles del mundo, tío. Medité silenciosamente rodeada solo por el mar y la arena. Pude bucear y surfear, descubrir los más bellos paisajes, y observar los animales más bonitos que puedas imaginarte. Me llené de paz, de felicidad, y pude conectarme conmigo misma. Te hablé de la autosanación antes, pero dijiste que era una tontería. Yo sé que es lo que me ha sanado, tío querido, y ahora tu lo sabes también”

Su tío la observó sorprendido, pero no pudo discutir con los resultados. Abrazó a su sobrina, feliz de que fuese a vivir una larga y hermosa vida, en paz consigo misma, y luego le pidió:

“La próxima vez que viajes a las Islas Galápagos, llevame contigo. Me gustaría conocer todas esas maravillosas historias que cuentas en persona. Vén, sobrina querida, vamos a festejar con el resto de la familia, todos querrán escuchar de tu maravillosa experiencia”

Ana siguió a su tío, y contó a todos sus familiares sobre su viaje, como la había sanado por dentro y por fuera, y todos juntos celebraron su recuperación. Ana volvía a ser tan fuerte, sana y hermosa que antes, y todos podían notar la felicidad y paz con la que se desenvolvía.

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Galápagos – Pináculo
Galápagos la Isla de la Felicidad y el Amor

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